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La Pizarra

Mi hijo juega mejor en los entrenamientos que en los partidos

Por Luis Morales · 5 de octubre de 2026

El martes lo ve en el entrenamiento y no lo puede creer: encara, pide la pelota, se anima con el pase largo, hasta el profe lo felicita. Llega el sábado y es otro niño. Juega escondido, la suelta rápido, no se atreve a patear al arco. Usted vuelve a casa preguntándose qué pasó entre el martes y el sábado, y él responde con un "no sé" que tampoco ayuda.

Si su hijo juega mejor en los entrenamientos que en los partidos, no está solo. Es una de las consultas más frecuentes que recibimos en PSMILE, y la buena noticia es que casi nunca se trata de falta de talento. El talento está: usted lo vio el martes. Lo que cambia es lo que pasa en su cabeza cuando el partido "cuenta".

Qué está pasando: no es el fútbol, es el contexto

En el entrenamiento, su hijo juega en un ambiente conocido: los mismos compañeros, ejercicios que ya domina, nadie mirando desde la reja y errores que no tienen consecuencia. En el partido cambian tres cosas al mismo tiempo:

Dicho simple: en el entrenamiento juega; en el partido se mira jugar. Y cuando un niño se mira jugar, la atención que debería estar en la pelota, el compañero y el espacio se reparte con la preocupación por hacerlo bien. Lo que le sobra no es nervio: le falta tener herramientas para jugar con ese nervio adentro.

Señales para observar

No todos los niños lo muestran igual. Fíjese si aparecen algunas de estas:

Cuatro herramientas que sí ayudan

1. Llevar una meta de proceso, no de resultado

"Ganar" o "hacer un gol" no dependen solo de él, y eso alimenta la presión. Antes del partido, acuerde con su hijo una sola tarea que dependa cien por ciento de él: "pedir la pelota tres veces", "encarar cuando quede uno contra uno", "volver rápido después de perderla". Después del partido, la conversación es sobre eso: ¿lo intentaste? Así el foco vuelve a la jugada, que es donde él rinde.

2. Entrenar la respiración para bajar revoluciones

Cuando el cuerpo está demasiado acelerado, una respiración lenta es el freno más rápido que tiene. Practíquelo en casa, sin presión: inspirar contando 4, soltar el aire contando 6, tres veces. Si lo entrena durante la semana, el sábado lo tendrá disponible en el calentamiento o cuando se detiene el juego. Si nunca lo practicó, en el partido no aparece.

3. Una palabra ancla y una rutina de "reseteo"

Muchos niños se caen después del primer error porque no tienen cómo cerrar la jugada y pasar a la siguiente. Ayúdelo a elegir una palabra corta que lo devuelva al presente ("siguiente", "vamos", "pelota") y un gesto simple: tocarse el escudo, aplaudir una vez. Error, gesto, palabra, siguiente jugada. Repetido en entrenamientos, se vuelve automático en el partido.

4. Ensayar el partido con la imaginación

La noche anterior o camino a la cancha, pídale que cierre los ojos y se vea haciendo bien su tarea de proceso: cómo pide la pelota, cómo encara, cómo vuelve a ponerse de pie si la pierde. Que lo vea con detalle, con los ruidos de la cancha y las sensaciones del cuerpo. La mente se familiariza con la situación y el partido deja de sentirse tan "nuevo" y amenazante.

Qué NO hacer como papá o mamá

Cuándo pedir apoyo profesional

Es normal que un niño rinda un poco distinto en partido que en práctica. Pero si la diferencia es grande y se repite fin de semana tras fin de semana, si su hijo empieza a no querer jugar los partidos, si aparecen dolores de guata o insomnio antes de competir, o si ya dice "soy malo para los partidos", conviene una mirada profesional antes de que esa idea se instale.

En PSMILE evaluamos qué está pasando exactamente en el paso del entrenamiento al partido —si es activación, atención, miedo al error o la presión del entorno— y armamos con su hijo un plan concreto de herramientas para que el jugador del martes también aparezca el sábado. Trabajamos online con familias de todo Chile.

Si quiere que revisemos el caso de su hijo, agende su primera sesión aquí y conversamos.

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