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La Pizarra

Mi hijo no se lleva bien con su entrenador: qué hacer

Por Luis Morales · 26 de octubre de 2026

"El profe me tiene mala"

Su hijo sube al auto después del entrenamiento y no dice nada. O dice lo mismo de siempre: "el profe me tiene mala", "a mí nunca me pone", "me grita solo a mí". Usted lo ve llegar cada vez con menos ganas, y empieza a dudar: ¿será verdad?, ¿será que mi hijo exagera?, ¿debería hablar con el entrenador?, ¿cambiarlo de club?

Es una de las situaciones que más angustia genera en las familias que acompañamos en PSMILE. Porque el entrenador no es una persona cualquiera en la vida de un niño deportista: es la figura adulta que, dos o tres veces por semana, le dice si lo está haciendo bien o mal. Cuando esa relación se tensiona, el niño no solo pierde ganas de jugar: empieza a dudar de sí mismo.

La buena noticia es que casi siempre hay margen para ordenar la situación. Pero para hacerlo bien, primero hay que entender qué está pasando.

Qué está pasando realmente

El niño no está solo: es parte de un triángulo

En psicología deportiva miramos al niño como un vértice de un triángulo formado por él, sus padres y su entrenador. Lo que su hijo siente en la cancha no se explica solo por él ni solo por el profe: se explica por cómo se relacionan los tres. Por eso, cuando hay un conflicto con el entrenador, la forma en que usted reacciona en la casa también pesa, y mucho.

No todos los entrenadores comunican igual

La mayoría de los conflictos entre un niño y su entrenador no nacen de "mala voluntad", sino del estilo con que el entrenador comunica. A grandes rasgos hay tres:

Muchas veces, lo que su hijo vive como "me tiene mala" es en realidad un choque entre su forma de ser y el estilo de ese entrenador. Eso no lo hace menos real para él, pero cambia mucho la forma de abordarlo.

Lo que dice su hijo es su verdad, no toda la verdad

Un niño de 10 o 13 años interpreta lo que le pasa desde su emoción. Si quedó en la banca, su cabeza busca una explicación rápida, y "el profe me odia" es más fácil de sostener que "tengo que mejorar en algo". Escucharlo con atención no significa darle la razón en todo: significa tomar en serio lo que siente mientras usted junta más información.

Señales a observar

Hay diferencias entre un roce normal y una relación que está dañando a su hijo. Ponga atención si observa:

Las primeras señales piden conversación y acompañamiento. La última pide algo más: si un adulto humilla sistemáticamente a un niño, eso ya no es un tema de estilo, es un tema de cuidado, y corresponde hablarlo con el club.

Herramientas concretas para acompañarlo

1. Escuche primero, pregunte después

Cuando su hijo llegue molesto, evite resolver en caliente. Pregunte con curiosidad: "¿Qué pasó exactamente?", "¿Qué te dijo?", "¿Cómo te sentiste?". Después, ayúdelo a separar los hechos de la interpretación: "Te sacó en el segundo tiempo. ¿Te explicó por qué?". Validar la emoción no es lo mismo que confirmar la sospecha.

2. Ayúdelo a hablar él con su entrenador

Desde los 11 o 12 años, el paso más formativo es que el propio jugador se acerque a su profe. Ensayen juntos en la casa una pregunta simple y respetuosa: "Profe, ¿en qué tengo que mejorar para tener más minutos?". Esa sola conversación cambia la relación: el entrenador ve a un jugador comprometido, y su hijo aprende que puede hacer algo con lo que le pasa en vez de solo sufrirlo.

3. Si usted habla con el entrenador, elija el momento y el tono

Nunca durante ni justo después de un partido. Pida un espacio aparte, en otro día. Vaya a entender, no a acusar: "Lo veo desanimado y me gustaría saber cómo lo ve usted y en qué lo podemos apoyar desde la casa". Un entrenador que se siente atacado se defiende; uno que se siente invitado a colaborar suele abrirse.

4. Cambie la pregunta de éxito en la casa

Si en la casa la única pregunta es "¿jugaste?", el entrenador se vuelve el dueño de la felicidad de su hijo. Cambie a preguntas que él sí controla: "¿Qué hiciste bien hoy?", "¿Qué aprendiste?", "¿Lo pasaste bien con tus compañeros?". Así le devuelve a su hijo un foco propio, que no depende de la mirada del profe.

Qué NO hacer como papá o mamá

Cuándo pedir apoyo profesional

Conviene buscar ayuda si después de algunas semanas el conflicto sigue igual, si su hijo empieza a perder confianza también fuera de la cancha, si aparecen ganas reales de abandonar un deporte que antes amaba, o si usted siente que ya no sabe cómo conversarlo sin que termine en pelea.

En PSMILE trabajamos justamente los tres lados del triángulo: con el jugador, para que recupere su confianza y aprenda a comunicarse con su entrenador; y con la familia, para que acompañe sin agregar presión. Un buen proceso no busca "ganarle" al entrenador: busca que su hijo vuelva a disfrutar y a crecer, con ese profe o con el que venga.

Si quiere entender qué le está pasando a su hijo y por dónde empezar, puede agendar un diagnóstico gratuito aquí. Conversamos, escuchamos su caso y le decimos con claridad si necesita apoyo y de qué tipo.

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