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Rutina pre-partido para futbolistas jóvenes: guía paso a paso

Por Luis Morales · 9 de agosto de 2026

El domingo en la mañana ya se juega parte del partido

Faltan tres horas para el partido y su hijo ya está distinto. Camina de un lado a otro, no quiere desayunar, o al revés: está tirado en el sillón con el celular, como si el partido fuera de otro. Usted no sabe si hablarle, si dejarlo tranquilo, si el nerviosismo es normal o si algo anda mal. Y cuando llega a la cancha, ya sea que salga sobre-acelerado o apagado, el primer tiempo lo paga.

Esto no es falta de carácter ni falta de ganas. Es que el cuerpo y la mente de un futbolista joven no tienen todavía un sistema propio para llegar al partido en el punto justo. Y ese sistema se puede construir. Se llama rutina pre-partido, y es una de las herramientas más simples y con más evidencia de la psicología deportiva.

Qué está pasando: el jugador no elige su nivel de activación, lo hereda del contexto

Cada jugador tiene una zona de activación óptima: un rango de nervios y energía donde rinde mejor. Ni muy relajado, ni muy acelerado. El problema es que, sin un sistema propio, el jugador queda a merced del contexto: si el rival es "grande", se activa de más y comete errores por ansiedad. Si el rival es "chico", se relaja de más y el equipo sale dormido. Es lo que en psicología deportiva se llama activación reactiva: el jugador solo se enciende cuando algo externo lo obliga, en vez de llegar regulado por decisión propia.

Lo vemos en el fútbol profesional constantemente: equipos que se sobre-activan en el clásico y pierden el control, o que bajan los brazos ante un rival fácil y casi empatan un partido que tenían ganado. Si le pasa a futbolistas de élite con años de trabajo mental, con más razón le puede pasar a un niño de 10, 12 o 15 años que nunca aprendió a prepararse.

La buena noticia: esto se entrena. No con charlas motivacionales de último minuto, sino con una secuencia fija que el jugador repite antes de cada partido, hasta que su cuerpo la reconoce como la señal de "ahora toca competir".

Señales de que su hijo necesita una rutina pre-partido

Si reconoce dos o más de estas señales, la rutina pre-partido no es un lujo, es la pieza que falta.

Herramientas concretas: cómo armar la rutina, paso a paso

Una rutina pre-partido efectiva sigue un orden: del cuerpo hacia la mente. No se empieza pensando, se empieza regulando el cuerpo, porque el cuerpo es lo primero que el jugador puede controlar.

1. Postura y movimiento (15-20 min antes)

El cuerpo retroalimenta el estado psicológico: hombros caídos y mirada al piso generan más ansiedad, no menos. Enséñele a su hijo a caminar con el pecho abierto, hombros atrás, mirada al frente, incluso antes de sentir confianza. La postura no espera a que llegue la seguridad — la produce.

2. Respiración (10-15 min antes)

Un ejercicio simple: inhalar contando hasta 4, sostener 2, exhalar contando hasta 6. Repetir 5 a 8 veces. La exhalación larga es lo que realmente baja la activación del sistema nervioso. Esto sirve tanto para el jugador que llega muy nervioso (lo calma) como para el que llega apagado (lo centra, porque lo obliga a estar presente en su cuerpo).

3. Autodiálogo de tarea, no de resultado (10 min antes)

Aquí es donde muchos padres, sin querer, empeoran las cosas. Decir "gánales", "no la caguen" o "juega tranquilo, no te pongas nervioso" pone el foco en el resultado o en la emoción a evitar — y eso aumenta la presión. Lo que funciona es una frase corta y concreta sobre la tarea: "primer toque orientado", "marca de cerca en tu zona", "pelota jugada rápido y simple". El jugador debe repetírsela a sí mismo, no que se la digan desde afuera.

4. Visualización breve de la jugada (5-10 min antes)

Pedirle que cierre los ojos e imagine, con la mayor nitidez posible, una jugada suya saliendo bien: la que más se repite en su posición. Un arquero se ve atajando un remate; un delantero se ve definiendo con calma. Importante: la imagen debe ser técnicamente correcta, porque como se imagina, probablemente va a jugar. Si el jugador no tiene clara la técnica correcta, hay que trabajarla primero en la cancha, no en la imaginación.

5. Notar la sensación (justo antes de entrar a la cancha)

Después de los cuatro pasos anteriores viene, casi solo, una sensación de control. No hay que forzarla ni nombrarla en voz alta — el jugador simplemente la reconoce como la señal de "estoy listo".

Esta secuencia completa toma entre 20 y 30 minutos y se puede adaptar a cualquier edad desde los 8-9 años, ajustando el lenguaje. Lo esencial no es la duración, es la repetición: la misma secuencia, semana tras semana, hasta que el cuerpo la asocie automáticamente con "hora de competir".

Qué NO hacer como papá o mamá

Cuándo pedir apoyo profesional

Si después de ensayar una rutina simple durante algunas semanas el jugador sigue con nervios que le impiden rendir, con síntomas físicos marcados (vómitos, mareos, llanto antes de jugar) o si el nerviosismo empieza a extenderse a otros ámbitos de su vida (colegio, sueño, apetito), ya no es algo que se resuelva solo con una rutina de activación. Ahí conviene una mirada profesional que evalúe qué hay detrás — presión externa, autoexigencia, miedo a fallar — y trabaje la raíz, no solo el síntoma del día de partido.

En PSMILE hacemos ese trabajo con niños y adolescentes futbolistas, de forma online, en todo Chile. Si quiere una primera conversación sin costo para entender qué le está pasando a su hijo antes de los partidos, puede agendar un diagnóstico gratuito en psmilechile.com/agendar.

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